Una mujer joven, maneja un tico azul del 98. Va por la via expresa, en plena madrugada, pero por extrañas razones muchos otros autos van junto al de ella. De un momento a otro, la mujer siente deseos de huir, de salir de aquella jungla, de la que siente que jamás saldrá si no lo hace ahora, entonces con rostro y cuerpo de pánico abre la puerta del auto dejándolo en plena marcha, en medio de otros autos, en medio de la vía. Y ella se va a un lado, a buscar quien sabe que cosas, pero huyendo de la locura, tal vez no de la propia, pero de alguna locura ajena y colectiva. El auto en plena marcha sigue derecho, mantiene su velocidad, hasta que otros autos lo ven acercarse y causa un caos alrededor, los demás autos se abren, chocan, giran, patinan, mientras un loco trata de cruzar la calle y es casi atropellado por otro auto que gracias a sus reflejos logró esquivar a este loco y al Tico del 98.
No pude terminar mi historia.
Imágenes, historias, reflexiones, y simplemente palabras acerca de lo que puede pasar por la cabeza de una terrestre
Páginas vistas en el último mes
viernes, 25 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
Respuestas
A veces encontramos respuestas en los momentos menos
esperados
En lugares poco concurridos
En lugares comunes.
En espacios públicos
O en espacios privados
A veces encontramos respuestas a preguntas
Que nunca habíamos formulado
A veces las respuestas se manifiestan
De maneras inesperadas
A veces las respuestas nos hallan
En las letras de una canción
En un paso de danza
O una melodía
En una roca
En tus propias (no) acciones
En una conversación vanal
En la cara de la moneda
En un ticket de tren
O en una noticia televisiva
A veces las respuestas
Se encuentran frente a nosotros
A veces conversamos con ellas
Comemos con ellas
Dormimos junto a ellas
Y las ignoramos
A veces las respuestas no tienen palabras para explicarse
Son movimiento
Sensación
Acción
Acción
Sentimiento
o un olor.
A veces las respuestas
Son la pregunta misma.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Retorno
Partí, lejos de tí
Buscando una revelación
La obsesión por hallar
Por entender, por aclarar
La vida
La insatisfacción me va pudriendo por dentro
No podía permitir que vieras las vísceras
Mi vacío
Los huesos y el interior mío
Tenía que irme
Tenía que irme
Sin darte razones
Me fui a ver
otros horizontes
Aún más lejanos
Otros cercanos
Otros falsos
Y finales poco esclarecedores
Luego de hallar nada en los finales
Me senté en salas de conferencia
Apunté todo lo que pude
En aquella libreta azul
En donde también escribía
Poemas para hacerte feliz
Lejos de ti, no supe nada de ti
Ni del mundo
Ni de la vida
Más bien sobre la muerte
Y aprendí
Como un corazón se estruja
Se magulla y daña
dentro de un alma que busca estar llena
La insatisfacción viene de adentro
No hay que culpar a la sociedad
Al (no) dios
A la familia
A la vida misma
Y así tuve que volver
Te ví
Y ví que
La única revelación
Estaba en nuestra habitación.
En la copa vacía
En el reposo final
En el siempre beso latente.
Y me ví.
sábado, 22 de septiembre de 2012
HORA CELESTE
Tuve el honor de dirigir este videoclip para una genial banda de rock progresivo, "Jardín de piedra"
Espero que lo vean y disfruten. Cualquier comentario o buena onda son bienvenidos!
L.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Oasis
Se vieron, a lo lejos, como cuando uno está en el desierto y
ve un oasis. Porque siempre vemos oasis, pero no existen. Entonces él se acerca
y la toca. La toca para saber que no está soñando, para comprobar que no es un
oasis. Pero entonces ella se desvanece, como Eurídice al dar la media vuelta.
Al día siguiente, se vuelven a encontrar. El escenario es
distinto, como una pintura de Van Gogh pero con mucha luz. Ninguno de los dos
reconoce el espacio, pero se reconocen, y cada uno camina en dirección al otro. Van, y parece que nunca se van a encontrar,
el espacio se hace cada vez más amplio, entonces ella corre, tropieza, y
empieza todo de nuevo, aparecen en la pintura y entonces él, en lugar de ir
hacia ella, trata de hablarles a los hombres pintados en el café pintado del
París pintado, pero la pintura se diluye y ellos ahora hablan en esperanto, y
las palabras también se diluyen y parecen algo así como mantequilla derretida a
punto de caer en un plato de pasta. Ella corre y tropieza, y empieza todo de nuevo.
Al siguiente día, ella aparece en la cima de una montaña. El
norte parece difuso, se diluye con la luz del sol y forman un colchón de suave
azul y amarillo. Ella lleva una brújula, se dirige hacia el norte y el norte se
va volviendo cristalino entonces. Él no aparece. Ella mira hacia el sur, guiada
por su brújula de azúcar. Una nube
entonada en fa mayor pasa sobre ella. Solo entonces se da cuenta de que él no
existe, que es un personaje de un cuadro pintado en lienzo, o un ser que habló
con ella en algún sueño que tuvo en otra vida. Un ser alado, pero triste, muy
triste, que sufre porque no puede ser real.
Entonces ella se saca una pestaña del ojo derecho y la deja
caer.
miércoles, 22 de agosto de 2012
(En realidad) un sueño
Andar tan tarde y sola por la calle me hace pensar en la oscuridad. Me detengo en una esquina. La gente pasa sin pensar, sin saber en lo que yo estoy pensando, sin saber que les deseo la muerte. Sin saber que tengo un cuchillo y estoy a punto de matar a alguno de ellos. Sin saber que estoy ahí.
Lo podría hacer porque estoy soñando y el sueño me pertenece.
En la dimensión de lo real no podría hacerlo. Una cobardía disfrazada de respeto y amor a la humanidad que me repugna me detiene. Me voy a vomitar. Me veo en el espejo y no me reconozco más. Los rostros de mil efigies se dibujaron, transformaron y volvieron a deformar el rostro que antes me perteneció.
Ahora como un sándwich de pavo. Me pregunto si sigo soñando. Yo no como animales, pero me como un sándwich de pavo y lo disfruto. Lo disfruto muchísimo, esto parece un sueño, pero puedo sentir el sabor, la textura, el tamaño, lo blando del pan, lo salado. Esto parece un sueño todavía. Me dirijo a tomar el tren, un tren que no existe en esta ciudad sino en la ciudad a la que fui cuando volvimos a ser uno pero lejos del otro. Porque nos llevamos mejor cuando estamos lejos.
Ya no sueño más. El sueño que tuve me terminó por despertar. Me levanto y lavo la cara para sentir el agua sobre el rostro como se siente cuando uno está despierto.
Cual autómata, salgo del baño a realizar una única acción, sin siquiera cuestionármela.
Busco la página de aquel hombre que me rompió el corazón un tiempo atrás. Aquel que no merece mi recuerdo, pero recuerdo. Y lo sueño, de la nada, como una frase que diría inconscientemente, con información secreta e importante, pero la diría sin poder callarla, y es que sí dije algo (¿entre sueños?), ni recuerdo lo que dije pero lo dije y me delaté sola. Metí la pata y mi subconsciente me hace soñar con él. Despierto y su nombre da vueltas sobre mí por varios días.
Busco la página como si no quisiera hacerlo. Pero quiero y lo hago… aquel sueño no tenia ni pies ni cabeza.
Ha venido. Esta aquí. Salgo a la calle, decido, mejor no, podría estar en cualquier parte. Pero no ha venido a buscarme. Sigue buscándose a sí mismo, sin poder escapar de él mismo. Siento pena por él, tal vez una pena injustificada y adrede, adrede para no sentir otra cosa por él, para que así sea más fácil olvidarlo, e irme a soñar con otras cosas, tal vez algo productivo, tal vez con algo que hará crecer el amor que siento por quien en verdad lo merece. Me tomo un café y lo olvido todo, y voy a dormir como si no hubiera tomado café alguno, con la luz encendida, como si no estuviera encendida, y con el dolor en el corazón, como si no tuviera heridas.
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